sábado, 22 de julio de 2017

Transición en Cuba


 (Tomado del Diario de la Marina)
El 1° de enero de 1899, tuvo lugar un acontecimiento histórico de primer orden en Cuba. Estamos hablando de la Transición pactada. El traspaso de poder, materializado en salón de los Pasos perdidos de los Capitanes generales, abrió para la Gran Antilla el período más asombroso de su historia. Primero, porque el nuevo poder representado por el gobernador J. R. Brooks debía preparar el terreno para acoger las inversiones y a los empresarios norteamericanos. Por esa razón, el general puso todo su empeño, no sólo en mejorar las infraestructuras destruidas por la guerra sino en crear otras nuevas y mejores. Cumplió su objetivo con creces.
Los cubanos nunca agradecerán lo suficiente a los Estados Unidos por lo que hicieron en aquellos momentos difíciles. A los menos de 4 años de administración norteamericana se debe la fabulosa expansión económica que cambiaría para siempre la suerte de un país arruinado. No tanto por la estúpida táctica de la Tea incendiaria, aplicada sin contemplaciones por los generales de la República en Armas, sino como consecuencia directa de la insensata política metropolitana, atada de pies y manos desde mediados del siglo XIX, a los intereses egoístas de los industriales catalanes.
Pero los cubanos no son los únicos que reniegan el pasado. A pesar de lo que se cree, España también salió ganando con el cambio, puesto que se libraba de un costoso quebradero de cabeza. La verdad es que en 1898, la Península ya no podía mantener a su posesión caribeña. Como suele suceder con las familias de bajos ingresos en las ciudades modernas, la Monarquía pasó del centro a la periferia del orden mundial. En realidad, hacía ya muchos años que la metrópoli económica de Cuba eran los Estados Unidos.
Otro detalle ignorado por los historiadores oficiales, es que a pesar de haber ganado la guerra y sin obligaciones legales para hacerlo, los representantes norteamericanos en París garantizaron la perennidad de las inversiones españolas en Cuba. Así pues, como lo demuestran los trabajos del historiador Jordi Maluquer entre otros, España no sólo pudo atravesar la crisis en situación de expansión económica, sino que su balanza comercial con la isla lejos de verse afectada, mejoró sustancialmente.
Cuba es el resultado de la voluntad de los Estados Unidos (en cierta medida la España actual también lo es). Los cubanos que se creen ungidos por la gracia divina, presumen poder influir sobre la marcha de los acontecimientos. Pero la verdad es que desde 1899 hasta hoy, no han hecho más que adaptarse a las condiciones impuestas por su vecino. Durante aquel período, las élites cubano-españolas, en nombre del interés superior de los negocios pactaron desvergozadamente con el gobernador norteamericano.
La Transición cubana concluyó hace 117 años pero recordemos que en 1902, las minorías negras y el pueblo llano, fueron excluidos de la vida política nacional, igual que ocurrió con el acuerdo Obama-Castro.
Por otro lado, España, el otro actor de esta pieza inacabada, carece no ya de ambiciones geopolíticas, sino de un simple proyecto nacional viable. Así lo confirma el escaso interés institucional que ha provocado el Movimiento de Reunificación de Puerto Rico, sin olvidar el populismo que la corroe y el separatismo que la está sepultado en vida.
El futuro no está escrito, pero es necesario conocer el pasado para hacerlo posible. Esta afirmación de sentido común vale tanto para Cuba como para España.

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