martes, 25 de abril de 2017

El selfie, tu mejor experiencia

Retratarse a uno mismo es siempre divertido, algo que entraña sus riesgos, algo primigenio. Estás siempre creando la sombra más bella de ti mismo.
El selfie, la gracia de vernos tan cercanos como el amor verdadero que no sale nunca.
El selfie, un muchacho bello que nos hace escribir poesías, un mundo descolorido dotado de sentido.
Estaba en el Parque Céspedes, rodeados de policías y jineteras. El Parque Céspedes en Santiago de Cuba, una recreación de libertad y represión como hermanas. Porque déjame decirte, estar aquí es penetrar en el corazón de una ciudad, sembrar una flor en un amor fugaz, tomar cada vuelo y repetirlo una y otra vez.
No importa si el sol te abraza, si la lluvia te tienta. No sientes ese cobarde deseo de escapar porque, aunque lo hicieras regresarías al mismo lugar en una o dos semanas. Porque vives en una ciudad tan pequeña y grande a la vez, porque las conexiones a Internet tienen las opciones del cuarto de un escritor pobre.
También la Bodeguita del Medio registró mi sonrisa o mi figura de joven lleno de años. Allí estás como en casa y al marcharte 1 hora después recuerdas el rostro del músico que tocó para ti.
Pero eso no es un selfie, eso es un recuerdo casi traicionero.
Sigo en el selfie, y no sé si sería descaro confesarles que el mejor de ellos fue tomado en medio de mi desnudez.
Porque el selfie es un espejo del alma más inocente. Te invito a vivir la experiencia de sentirte bien contigo mismo.

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