lunes, 21 de marzo de 2016

Raúl Castro humilla a Barack Obama




De nada le ha servido al Presidente Obama bajar la cabeza, casi arrodillarse ante un dictador que tiene sus manos manchadas de sangre. De nada han valido las concesiones, las decisiones del Departamento de Tesoro, el diálogo.
De nada ha servido olvidar los cientos de miles de víctimas del castrismo en más de 50 años, el derribo de las avionetas de “Hermanos al Rescate” y los presos políticos.
De nada le sirvió a Obama abrir una Embajada en el mismísimo corazón de la miseria y la opresión.
Todo ha sido en vano.
Ayer Obama recibió el primer balde de agua fría cuando tuvo que ser recibido por el impresentable Bruno Rodriguez Parrilla que no tiene en Cuba ni voz ni voto aunque “vote” cada año en la Asamblea General de la ONU.
Los Presidentes norteamericanos y hasta sus Secretarios de Estado son recibidos siempre por la máxima autoridad de cada país al que visitan. Pero Raúl Castro decidió que esta vez no sería así. Que a Obama habíz que humillarlo ante el pueblo de cuba y su comitiva, dando a sí el mensaje de quién está suplicando, de quiénes son los que se han puesto de rodillas en el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas.
Ahora hay unos rumores que apuntan a que Raúl decidió a última hora irse para evitar confrontación entre su escolta y los guardaespaldas de Obama. Mira que nos quieren tomar el pelo! Hay que ser un idiota para creer eso.
Pero falta todavía el papelazo que harán los opositores que vayan a la reunión con Obama, digo si es que se da. Allí no tendrán tiempo para echarle en cara su política fallida y el abandono total de la política comprometida con el respeto a los Derechos Humanos. Es que, salvo raras excepciones, los invitados se limitarán a felicitar a Obama porque después del 17 de diciembre del 2014 sus activistas están cogiendo más golpes y patadas de la Policía Política.
Este domingo 20 de marzo las Damas de Blanco que lidera Berta Soler recibieron otra brutal golpiza, el próximo domingo prepárense porque va a ser peor. En definitiva, quien come en la mesa con el enemigo y brinda la copa del olvido no puede esperar otra cosa.


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