lunes, 11 de enero de 2016

Carta a Mundito (El Infiltrado)


 Carta a Mundito
Email: nito@nauta.cu


 Vive como puede e ignora lo que no entiende, pero no.
A veces nos cuestionamos las cosas que pasan muy comúnmente en nuestra  vida, las malas y las buenas. ¿Por qué hay gente buena y mala?, porque guerras, hambre, enfermedades, gobiernos corruptos, gente que no quieren que los demás sean felices y te roban tu derechos a ser libres completamente. 
Reymundo García Morozo puede ser un nombre como otro cualquiera, un joven común de la sociedad cubana actual, que vive como puede e ignora lo que no entiende, pero no.
Reymundo o Mundito como le llamábamos sus amigos y familiares, nació un 6 de enero hace 37 años en el barrio marginal de Bajo Rancho en el barrio de Quintero en Santiago de Cuba. Cursó todos sus estudios estando becado en varias ocasiones como deportista de baloncesto, culminando su servicio militar se traslada  junto con la madre a la Habana, favoreciéndose de las condiciones y favoritismos económicos que brindaba el MININT, pasando por varias brigadas, llegando a brigada especial encargada de los casos privativos donde participaban los dirigentes del país.  
Dentro de  sus misiones estuvo la del rescate del avión secuestrado en la pista del Aeropuerto Internacional José Martí, retenido por jóvenes desesperados en búsqueda de libertad; la de infiltrarse en grupos de proveedores de drogas, en disidentes y otras como la seguridad de los altos jefes del país, como la del general comprador principal de las FAR y su familia (casa a la cual en una ocasión me invitó cuando yo solo tenía 14 años y salí de ahí muy indignado por el lujo y la manera de vivir de ese general, (no me quiero imaginar los otros).
En varias ocasiones que conversamos, salía de su personaje montado, y volvía esa realidad, la del amigo solitario, la del primo sincero que me llevaba y recogía de la escuela, la del ser amable e inocente, la del jaranero de sonrisa grande,  cuando era él y no el militar, me  decía su pensar, sus anhelos de viajar libre por todo el mundo, de conocer México, de poder estar con la chica que conoció de otra nacionalidad, de ir a un concierto de regué sin ser perseguido o velado en fin de ser otra persona.
Me contaba las realidades que nadie ve, o no quieren ver, las prohibiciones que tan comúnmente la gente  asumen y no comentan. De por qué seguía ahí y las consecuencias de desertar y de muchas cosas mas ajenas a este comentario.
De la noche a la mañana pide la baja del MININT (o lo despiden) y se ocupa en varios centros de trabajo quedando en varias ocasiones sin empleo y en la calle hasta llegar a través de un curso a la Termoeléctrica de Tallapiedra.  Después de solo meses trabajando, en una de las guardias de madrugadas, siente que una de las válvulas no estaba funcionando bien y avisa a uno de los compañeros, se informan que ya se había reportado varias veces lo de la válvula, la cual explota rato después quedando él con una quemadura de tercer grado.   Asímismo quemado fue desde el cuarto piso de la termoeléctrica hasta el segundo donde lo socorren y lo llevan al hospital después de 6 días de angustia y tratando de salvar su vida fallece Mundito a la edad tan solo de 35 años. 
Hoy después de años de apelación ante el Órgano de Justica Laboral y de Seguridad Laboral, y de comisiones y respuestas a medias, dicen los directivos de la Empresa Eléctrica Nacional que la culpa fue de él, que no tenía que haber subido a ese lugar, y que tampoco reportó el problema. Y que ellos no se hacen responsables del “incidente”. ¡Que descaro!, respuesta indignante como muchas dónde el poder se va por encima de la justica. 
Lo que ellos y nadie sabe, es que él también sabía que para nosotros no hay justicia verdadera,  que aquí en la Cuba actual, la justicia está en manos de los que mandan y mandan los que gobiernan y gobiernan los comunistas, y quiénes son los comunistas, cuadros preparados para decir que Sí, para los que los mandan y no para el criterio del pueblo, del verdadero pueblo cubano.
Reymundo García Morozo, “Mundito”, si su vida fue como la de otros jóvenes de la Cuba actual, que vive como puede e ignora lo que no entiende, pero no. Fue uno de los engañados por el gobierno de Cuba, fue de los que no quiso aguantar un régimen, el que cuando tuvo el valor de enfrentarse, dejó de ser uno de ellos, para ser uno más del montón, de los cubanos de “a pie”, de los libres de corazón.

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