jueves, 21 de enero de 2016

"Bajo Rancho" a seis metros bajo tierra



 "Bajo Rancho" a seis metros bajo tierra  

Por  Leovanis Correa

En los finales de la década del 40 del siglo pasado, en lo que era un jardín ubicado cerca de la antigua antena de trasmisión de radio de la ciudad de Santiago de Cuba, se ubicó la familia de un agricultor de flores la cual comenzó a repartir terrenos que pertenecían a la cercana Universidad de Oriente.
Ya para la década del cincuenta habían aproximadamente 50 casas, las cuales entraron a la historia mal contada de la Revolución cuando las vecinas lavaron las ropas de los barbudos, además de que presenciaron a los invitados a la boda del actual presidente de Cuba Raúl Castro y su esposa Vilma Espín efectuada en los primeros días de enero en el hotel Rancho Club. 
Después de las dos reformas agrarias las cuales despojaron a miles de cubanos de sus bienes y otros quedaron desempleados, comienza un flujo de personas a mudarse para el nuevo barrio que poco a poco fue llenándose de personas dado los beneficios del mismo, la cercanía a la ciudad, su acceso a lugares emblemáticos los cuales concedía trabajo, la cercanía a la ciudad de Santiago de Cuba, la Universidad de Oriente y la Residencia Universitaria y el Hotel Rancho Club.
Después de varias décadas el barrio entró al olvido, quedando desamparado por las gobernaciones distritales y municipales. El éxodo de migrantes hacia el “Hoyo de Quintero” agravó la situación habitacional de la comunidad quedando en condiciones precarias dada la insalubridad, la falta de vialidad, de vertederos y recogida de desechos sólidos, la lejanía de consultorio médico, de escuela primaria y secundaria, de agro mercados y otros centros necesarios de la comunidad.
Otro detonante fue el paso del Huracán “Sandy” el 24 de octubre, el decimoctavo y el más mortífero ciclón tropical de la temporada de huracanes 2012, con el paso de éste fenómeno quedaron en pie solo las casas de mamposterías.
Las donaciones llegaron a medias, las reparaciones se quedaron en ventanas y algunos materiales.
Hoy día el hoyo de quintero sigue como muchos barrios de Santiago de Cuba: en la lista de barrios en búsqueda de atención, no solo de una reparación capital o a medias programada para el “2021” si no de conciencia. El mismo barrio donde más del 70% de sus habitantes trabajan o estudian, donde han salido o vivido artistas como Jorge la Suerte, María Ochoa, los deportistas Libania Grenot, Franklin Maren, donde han nacido como muchos de suburbios de Cuba; médicos, bailarines, maestros, constructores, electricistas, peluqueras, barberos, políticos, militares, religiosos, santeros y graduados universitarios, gente que se van en búsqueda de bienestares económicos o huyendo de la falta de libertad, otros se quedan y resisten, ese es el “Hoyo”.
Muchos de los habitantes de esta comunidad se preguntan hasta cuándo la falta de respeto y el descaro, hasta cuando van a pedir que se reúnan y voten por un delegado que no resuelve sus problemas, que mas bien huye de responsabilidades.
Un suburbio donde no hay actividades culturales, ni deportivas, ni recreativas, un barrio al cual ningunas de las acciones comunitarias se realizan, donde solo existe un teléfono público famoso por su altoparlante.
Comunidad donde gracias al Proyecto “Ingravitto” un grupo de jóvenes universitarios dieron vida cultural a cientos de vecinos, donde se les enseñó cómo deben actuar y pensar ante las carencias de un país y los desmanes de un gobierno.
Dada la ubicación espacial de la comunidad y su crecimiento desmedido la universidad le achica a los habitantes del “Hoyo” todo lo que pasa dentro de sus áreas abiertas y descuidadas por años, y por lo mismo construye una cerca perimetral la cual aleja del seminternado más cerca a los niños de la comunidad, además que obliga a cientos de personas a alejarse de sus destinos de trabajo y estudio.
En los Altos de Quintero, Bajo Rancho Club, en el “hoyo” se seguirá caminando en fango, en aguas albañales, con linternas para evitar caer en las noches, en el Hoyo se seguirá caminando casi un kilómetro para llegar a la escuela y al consultorio, seguirán los vertederos y los jóvenes que prefieran trabajar como carpinteros en la fábrica de muebles de la esquina “que estudiar” , se seguirá tocando rumba y bebiendo cervezas para olvidar y un servidor seguirá viviendo, soñando y escribiendo en la comunidad que se siente seis metro bajo tierra.

 * leovanis.correa@gmail.com

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