lunes, 2 de febrero de 2015

Enfermedad y Despedida



  
Somos responsables de nuestro cuerpo, de cada una de las sensaciones, de cada lágrima, de cada risa. Tenemos la responsabilidad de cuidar de nuestra salud. Dicha responsabilidad nos da hasta el derecho de matar.
He estado muchos días sin escribir, algunos twitters para desmentir falsos rumores, pero ni un solo artículo. Creo estar justificado y es que desde que llegué de la Habana no he salido del hospital.
Me dieron el alta el martes, hice algunas llamadas a amigos y colegas en busca de la información que necesitaba para saber si me había perdido de algo importante. Quería saber si me había perdido de una piñata o de una carrera de relevos. Al final constaté que lo único nuevo había sido la anestesia en mi cuerpo y un rompimiento definitivo: cosas dignas para contar a mis nietos…. cuando los tenga.
Una vez leí que cuando uno rompe definitivamente con algo o alguien se produce una especie de laceración, en mi caso es distinto: crezco, sobrevivo al dolor.
Al Hospital me llevé mis mejores perfumes, cargué con la mejor música que poseo. Lo primero no me hizo mucha falta. Lo segundo me acompañó hasta mi salida. Todo el tiempo escuchaba el Góspel de Whitney Houston y Yolanda Adams. El góspel relaja a la vez que da fuerzas al espíritu.
A pesar de todo el dolor hice un tiempo para llamar a José Daniel Ferrer García, a Antonio Rodiles y Berta Soler. Y por supuesto no me olvidé de mis seguidores en Twitter, con ustedes compartí varias fotos.
Del Hospital donde estuve internado casi nada malo tengo que decir, el personal médico altamente calificado, la comida bastante buena, aunque yo preferí ingerir los alimentos que traje de casa. La higiene casi impecable y los medicamentos nunca me faltaron, en la Sala se encontraban varias enfermeras que cuidaban con mucho celo a sus pacientes.
Mi madre, que es después de Dios la persona más importante en mi vida, permaneció siempre a mi lado. Ella como nadie conoce mis desvelos. Me acompañó en mis oraciones cuando el dolor nublaba mi razón.
Al entrar al Salón de Operaciones mi carácter seguía siendo fuerte como siempre pero en momentos como ése el temor suele colarse por cualquier hendija. Sólo la voz de la Anestesista pudo traerme la calma que tanto yo necesitaba, me dijo: “No se preocupe que con el favor de Dios todo saldrá bien”. Y era precisamente a Dios a quien yo más buscaba en estos últimos días. Era a él a quien daba gracias por todos los milagros que ha hecho en mi vida. Yo sabía que Dios estaba junto a mí, pero aun así necesitaba a alguien que me susurrara el santo nombre.
Ciertamente el Hospital Clínico Quirúrgico “Juan Bruno Zayas” de Santiago de Cuba es uno de los mejores en todo el país.
Pero lo mejor de mi estancia sucedió mientras me encontraba en la Sala de Pre Operaciones. Allí pude debatir con algunos médicos los posibles cambios que se avecinan y les recordé que ellos pueden optar por el asilo político en cualquiera de las misiones donde se encuentren en el exterior gracias a un Plan aprobado por el Ex Presidente George W. Bush y que aún se encuentra vigente. Uno de ellos, un cirujano, me dijo que prefería vivir los cambios dentro de Cuba, él confía en que los cubanos tienen un futuro lleno de prosperidad. Este cirujano no sobrepasa los 35 años y eso me dio la esperanza de que pueda haber muchos que aspiran a ser un factor del cambio, gente que no va a abandonar esta Isla a pesar de los vaivenes de la naturaleza y sus políticos.
Sigo en reposo absoluto pero ya mis heridas están sanando. 

Y justo ayer cuando era víctima de las inyecciones contra el dolor llegó a casa  EunicesMadaula Fernández, alguien del exilio llegó a compararla una vez con Mariana Grajales, quizás haya sido por su valentía o porque no deja de estremecerse cuando ve la bandera cubana.
Eunices parte mañana para los Estados Unidos como refugiada política junto a su hijo Gabriel, ambos han padecido muy de cerca el totalitarismo. De Cuba se llevan las torturas a que fueron sometidos, los actos de repudio, la discriminación. Llevan consigo años de presidio político, de protestas pacíficas en las calles de Santiago. Ellos me han jurado no volver hasta que Cuba sea libre. Ellos no se transformarán en mulas, ellos no volverán para abultar las arcas del tirano.
Decenas de miles de opositores esperan porque les sea concedido el Status de Refugiado Político. No todos corren con la misma suerte a pesar de las abultadas maletas de evidencias que llevan ante un Oficial de Inmigración que “revisa” y decide luego el destino de gente que lleva tatuado el sufrimiento.
Hoy domingo me despedí de una mujer singular, juntos pasamos buenos y malos momentos. Ella ha apoyado a las Damas de Blanco y a la Alianza Democrático Oriental. Ella ha estado en algunos de los momentos más trascendentales de la oposición en los últimos 10 años.
Las despedidas suelen ser muy tristes, pero en este caso, me reconforta saber que una mujer singular burle, de algún modo, el yugo y la muerte a que estaba predestinada.
A veces la Enfermedad y la Despedida obstaculizan la felicidad de muchos. Qué bueno sería poder decirle a mis enemigos: ¡pónganme esos obstáculos a mí, yo los puedo atravesar!

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