martes, 5 de noviembre de 2013

La oposición y el cambio


Son 54 años de tiranía. Cinco décadas de terror, hambre y muerte. Varias generaciones han padecido, millones de cubanos que han optado por huir antes que enfrentar los sacrificios que el compromiso con la historia exige.
Frente a esto qué ha mostrado la oposición cubana al mundo: comunicados, recogidas de firmas, giras internacionales de algunos líderes, acciones que resaltan la figura de alguien, marchas que no aglutinan a más de 100 personas. Los opositores al régimen hemos sido incapaces de llegar a acciones mayores, no hemos hecho peligrar el reino del mal encabezado por los hermanos Castro.
Quienes nos enfrentamos de manera directa al totalitarismo no hemos sido capaces de aprovechar las oportunidades, los momentos de explosión popular. ¿Dónde estaba la oposición y sus principales líderes durante el maleconazo? Era ése uno de esos pocos momentos en que el pueblo necesitaba de un líder, alguien que los orientara, que supiera formular demandas más profundas.
Cuando usted lee a Cubanet, a “El Nuevo Herald”, “Diario de Cuba”  le parece ver a un movimiento de los Derechos Humanos estático, que no va o no sabe ir a ninguna parte. Allí no puede ver usted noticias sino la repetición de un esquema.  Quienes dirigen estas publicaciones han hecho de la lucha contra los Castro un dogma o modus vivendi.
Ante esta triste realidad, en que algunos “enchufados” apuestan porque todo siga como si nada (pues en realidad no les conviene que el régimen caiga), debe levantarse como nunca dignidad, la voluntad férrea de alcanzar la libertad a cualquier precio. Hay que saber apreciar aquellos hechos dentro del movimiento pro derechos humanos que pueden significar un antes o después, aquellas acciones que realmente puedan traer el cambio. Ningún dictador va a sentarse a negociar con gente que no representa un peligro para él. Es ridículo a estas alturas pensar en “negociar” sin condiciones, olvidando a todos aquellos que han padecido cárcel, a los cientos de miles que murieron cruzando el mar o en el paredón. Quiénes somos nosotros para condenar la memoria de aquellos con un nuevo paredón del olvido.
Seamos claros: los carteles no significan nada, una marcha de 10 o 15 personas no traerán el cambio, las Declaraciones de algunas organizaciones o líderes sólo sirven para llenar las páginas de un libelo, y una huelga de hambre sin un verdadero trasfondo político se asemeja más a una acción desesperada que a un arma efectiva.
Ahora necesitamos que los proyectos de Antúnez y Oscar EliasBiscet reciban todo el apoyo pues sin duda alguna están a la altura del momento que vivimos: Cuba necesita de un Paro Nacional, una huelga que estremezca al déspota, Cuba necesita hombres que prioricen la libertad de su pueblo y no las conversaciones vacías. Cuba clama por un cambio y el cambio debe empezar por los que luchamos contra la dictadura. Se hace necesaria la unidad no para proporcionar fama a una figura política sino para blindar los resortes del triunfo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario