martes, 16 de abril de 2013

Las mayores pruebas del fraude en Venezuela y lecciones para la oposición en Cuba



Por Ernesto Antonio Vera Rodriguez

El fraude en venezuela siempre estuvo ahí, era algo latente y hasta los ciegos lo podían ver.
Era algo cantado y no una consigna de los perdedores desesperados
Nicolás Maduro Moros con 7 millones 505 mil 338 votos (50.66%), y Henrique Capriles Radonski con 7 millones 270 mil 403 votos (49.07%).
Yo no creo en esta victoria del chavismo tan ajustada. Las mayores pruebas del Fradude las encontramos en la reacción del Chavismo: acusar a Henrique Capriles y procesarlo penalmente las más de 3 mil irregularidades detectadas en las mesas de votación y el hecho de que las Fuerzas Armadas de Venezuela hayan destruído ya muchas de las urnas donde podían verificarse las anomalías.
Capriles nuevamente da muestras de inteligencia y valentía, el es el hombre que necesita Venezuela para salir del atraso y la violencia, de la inflacion y el odio.
Habrá que esperar ahora los resultados de la apelación que ha interpuesto Henrique Capriles ante el Consejo Nacional Electoral.
Mientras los venezolanos deben sentirse orgullosos pues a pesar de fraude se demuestra que los cánticos a Chavez ya no son efectivos ni siquiera en una elección.
Para la oposición cubana esto trae una gran leccción también: el político no es cualquiera, el político debe ser alguien que mantenga un contacto efectivo con el pueblo, sólo así podrá concovar a la gente como ha hecho Capriles. Además el político debe tener una base que le haga creíble ante la comunidad internacional, alguien cone studios, un profesional y no un conductor de ómnibus u otra persona con oficios tan comunes que nada podrán hacer por su pueblo: alguien que sepa de leyes, de economía, de relaciones internacionales.
El caso cubano es triste, pues de ocurrir una revuelta popular ahora mismo muy pocos opositores sabrían conducir a la gente en las calles, desgraciadamente en nuestro caso hay muchos opositores hechos a la fuerza, y sin más estudios que el de una Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La oposición cubana debe aprender algo más: cuando el tirano quiera ignorar la voluntad popular hay que tirarse a las calles y exigir su renuncia inmediata.

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