lunes, 10 de diciembre de 2012

POR SONIA GARRO Y ELDRIS GONZÁLEZ POSO.

Eldris Gonzales Poso. Foto de Archivo

Sonia Garro y su esposo Ramon. Foto de Archivo





Hoy se celebra en todo el mundo el día de los derechos humanos. Hoy no pienso hablar de las razones que llevaron a aprobar la Declaración Universal, para mí no es relevante decir quiénes adoptaron la decisión. No voy a agobiar con un Informe o un record de violaciones.
No pretendo dar difusión directa o indirectamente a los eternos violadores, no perturbaré el sueño placentero de nadie, no haré críticas a los que viven del sufrimiento de la Patria, hoy no daré con mi látigo de escritor a los que quieren aparentar lo que en verdad no son.
Hoy solo quiero decir que mientras algunos emitirán declaraciones o tomarán fotos, mientras unos cuantos celebrarán el día entre brindis y loas, hay otros que padecen, que sufren injusta prisión, hay quienes están ausentes, hay hermanos nuestros que no pueden forzar un cambio, tenemos hombres y mujeres que por decir BASTA YA palidecen en una oscuridad que al parecer es ya imperturbable.
Mis hermanos hoy no pueden dictar conferencias, ni salir a las calles a reclamar el pan que se le niega al pueblo. Hay hermanos y hermanas que no sonarán las cacerolas, que no podrán izar la bandera de la vergüenza, que no podrán ocupar el Capitolio o quemar la Constitución. Ahora mismo tengo una hermana que no podrá asistir a una recepción a “ponerla” buena con su sinceridad, ella lleva más de 6 meses en prisión, ella es negra pero iluminó mi alma un día cuando la escuché defender sus ideas y su forma de alcanzar la libertad para Cuba. Ella es Sonia Garro, él es Eldris Gonzáles Poso. Ella está en la Habana, él en la Prisión de Mar Verde. Ambos esperan un juicio implacable, pero permanecen con una voluntad que se aferra a aquello que tanto admiramos.
Cada cual celebrará este día de los derechos humanos a su manera, cada quien contará sus hazañas, algunos reprimirán, otros adoptarán el enclaustramiento como válvula de escape.
Yo no quiero hablar de artículos, del hombre sentado en la esquina, del vecino que se queja de lo que falta, sólo pretendo encontrar la manera de liberar a mis hermanos, la manera de hacer llegar a todos la verdad de todos.
Yo no voy a repetir que en este 10 de diciembre hay muchos que han perdido su derecho a la libertad y a la vida, sólo confirmaré la cruda verdad: mientras algunos brindarán otros permanecerán en la oscuridad de una celda sin comer, sin beber, protestando contra el espanto que cercena una Declaración de 30 artículos.
Que nadie vaya a hacer brindis por el llanto.

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