martes, 11 de diciembre de 2012

Dulce Maria Loynaz, pocos homenajes para una poesia de altura


Dulce Maria Loynaz


En el ceremonia del Premio Cervantes 1992 junto a los Reyes de España



Un 10 de diciembre del año 1902 nació la mejor escritora cubana de todos los tiempos. Ella escribió una de las novelas más grandes del habla hispana. Ella escribía para que todos la entendieran, no se refugiaba en un verso oscuro. Notable abogada, contraria a la doctrina marxista, se refugió en su propia casa del Vedado. Ella prefirió “no unirse al carro del vencedor como hicieron otros” y por eso “la castigaron con el silencio”.
Ella es la autora del libro “Poemas sin nombre”, lo mejor que he leído en toda mi vida. Su nombre completo: Dulce María Loynaz. Es la única cubana que ha ganado el Premio Cervantes de Literatura, el cual le fuera concedido en 1992. Severa crítica de Nicolás Guillén a quien consideraba un viejo ridículo que a los ochenta años seguía escribiendo poemas de amor.
La Loynaz es sin dudas la poetisa del agua, teniendo en cuenta que una parte considerable de su obra aborda este elemento. Dedicó todo un libro al agua en sus diferentes formas. Sus poemas clasifican entre los más leídos por la actual generación de cubanos a pesar de que el régimen no difunde lo suficiente su obra.
Hoy quiero rendir homenaje a una mujer que ya no existe. Es triste ir a la Casona de 19 y E en el Vedado donde la Loynaz residió alrededor de 50 años y ver que allí hay una institución gubernamental. Es cierto que la mitad del inmueble es un museo donde se exhiben algunos cuadros y los Salones, aún sigue en pie el águila de la fuente, pero nada de los dormitorios, nada de la cocina donde la poetisa escribió, casi a ciegas, lo último de su prosa. El “hombre nuevo” restauró pero también borró con brocha gorda. Aun así el inmueble conserva la suntuosidad y buen gusto de una época que desapareció de nuestra tierra por obra y gracia de un cataclismo.
Aquí compartiré con ustedes algunos de los poemas más bellos que se han escrito en el castellano.

Amor es...

Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan...
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces....
Amar lo amable, no es amor:
Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra...
Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro...
Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen...
¡La esperanza de la estrella!...
Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender...
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar ...
¡Amor es resucitar!


Divagación

Si yo no hubiera sido....
¿qué sería en mi lugar?

¿Más lirios o más rosas?
0 chorros de agua
o gris de serranía
o pedazos de niebla
o mudas rocas...

De alguna de esas cosas, la más fría
me viene al corazón que las añora.
Si yo no hubiera sido,
el alma mía repartida
pondría en cada cosa una chispa de amor...

Nubes habría
más que otras nubes lentas...
(¡la nube que podría haber sido!...)
¿En el sitio, en la hora de qué árbol estoy,
de qué armonía más asequible y útil?

Esta sombra tan lejana parece que no es mía.
Me siento extraída en mi ropaje
y rota en las aguas,
en la monotonía del viento sobre el mar,
en la paz honda del campo,
en el sopor del mediodía!...

¡Quién me volviera a la raíz remota
sin luz, sin fin, sin término y sin vía!



El cántaro azul

Al atardecer iré  
con mi cántaro azul al río,  
para recoger la última  
sombra del paisaje mío.  

Al atardecer el agua  
lo reflejará muy vago;  
con claridades de cielo  
y claridades de lago...  

Por última vez el agua  
reflejará mi paisaje.  
La cogeré suavemente  
como quien coge un encaje... 

Serán al atardecer  
más lejanas estas cosas...  
Más lejanas y más dulces,  
más dulces y más borrosas.  

Después... ¡Que venga la noche!  
Que ya lo tenue del sueño  
-de sueño olvidado-  
lo delicado, gris, sedeño  
de tela antigua... y lo fino,  
lo transparente de tul...  
¡Serán un solo temblor  
dentro del cántaro azul!


Eternidad 
En mi jardín hay rosas  
yo no te quiero dar  
las rosas que mañana...  
mañana no tendrás. 

En mi jardín hay pájaros  
con cantos de cristal:  
No te los doy, que tienen  
alas para volar...  

En mi jardín abejas  
labran fino panal  
¡Dulzura de un minuto...  
no te la quiero dar!  

Para ti lo infinito  
o nada; lo inmortal  
o ésta muda tristeza  
que no comprenderás...  

La tristeza sin nombre  
de no tener que dar  
o quien lleva en la frente  
algo de eternidad...  

Deja, deja el jardín...  
no toques el rosal:  
Las cosas que se mueren  
no se deben tocar.  

 

La balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?
Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...
Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana... -No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar...
Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.
 


Poema XXXVI
He de amoldarme a ti como el río a su cauce, como el mar a su playa, como la espada a su vaina.
He de correr en ti, he de cantar en ti, he de guardarme en ti ya para siempre.
Fuera de ti ha de sobrarme el mundo, como le sobra al río el aire, al mar la tierra, a la espada la mesa del convite.
Dentro de ti no ha de faltarme blandura de limo para mi corriente, perfil de viento para mis olas, ceñidura y reposo para mi acero.
Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada.
Todo lo que eres tú está en su puesto; todo lo que no seas tú me ha de ser vano.
En ti quepo, estoy hecha a tu medida; pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco... Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.







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