miércoles, 24 de octubre de 2012

“Una mujer que ya no existe”, y un amor que todavía queda en las letras.




durante la entrega del Premio Cervantes en 1992 junto a los reyes de España


Enrique de Quesada y Loynaz, primer esposo de Dulce María Loynaz


“Una mujer que ya no existe” es un documental dirigido por Vicente González Castro. Ahí se ve  a una Dulce María Loynaz muy lúcida, hablando sobre la vida de sus hermanos, cómo se inició ella en la literatura y sobre su trabajo en la Academia de la Lengua.
Ella que es la mejor escritora cubana de todos los tiempos, fue silenciada por Fidel Castro desde 1959. Se prohibió hablar de ella en las Universidades, el estado cubano le negó todo tipo de asistencia a la Institución que ella dirigía. “Más de 30 años estuve durmiendo como la bella durmiente”, así decía la Loynaz, para tratar de explicar cómo un bando intentó apropiarse de conceptos, raptaron la literatura cubana, mandaron al exilio a muchos intelectuales que no comulgaban con el castrismo. En su caso no hubo exilio o si lo hubo fue más bien un exilio interior, una automutilación, un aceptar el silencio cómplice de la injusticia permaneciendo en las letras de manera independiente.
Pero aunque la literatura llenó su vida, y le hizo ser merecedora del Premio Cervantes en el año 1992, es bueno saber que Dulce María Loynaz fue una notable abogada, que se graduó como Doctora en derecho Civil y Canónico por la Universidad de la Habana el 19 de enero de 1927. Como abogada no sólo atendió los negocios de su familia sino que representó a sindicatos y personas naturales que acudían su Bufete, se sabe que perdió muy pocos casos, no en vano fue distinguida con. Ella ejerció la abogacía hasta el año 1961 en que los “revolucionarios” prohibieron la independencia de los abogados.
La Loynaz escribió los poemas en prosa más bellos que yo haya leído en toda mi vida. A ese libro ella le puso por título: “Poemas sin nombre”. Allí usted puede ver poesía de la buena, dedicada a quienes fueron los dos grandes amores en la vida: Enrique de Quesada y Loynaz y Pablo Álvarez de Cañas.
En mi opinión el gran amor de su vida fue su primo Enrique de Quesada y Loynaz con quien se casó el 16 de diciembre de 1937. Él no sólo fue su primer esposo sino que arrancó una pasión insospechada de la poetisa del agua. El que lo dude busque el libro: “Fe de Vida” y lea uno de sus últimos capítulos: “El minuto decisivo”. Vea estas pasiones, este amor tan insensato, esa descripción física que nos ayudará a comprender por qué Dulce María comparaba a Enrique con San Miguel Arcángel y le pedía que la devorase con sus “dientes de fiera joven”…
¡Lo que el amor nos hace escribir! Aquí les dejo con dos poemas de Dulce María Loynaz dedicados a su primo Enrique de Quesada.

San Miguel Arcángel
Por la tarde,
a contraluz
te pareces
a San Miguel Arcángel.

Tu color oxidado,
tu cabeza de ángel-
guerrero, tu silencio
y tu fuerza...

Cuando arde
la tarde,
desciendes sobre mí
serenamente;
desciendes sobre mí,
hermoso y grande
como un Arcángel.

Arcángel San Miguel,
con tu lanza relampagueante
clava a tus pies de bronce
el demonio escondido
que me chupa la sangre...

Poema LXI

En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas
inconmovible y silencioso como una columna de oro.
Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso
a resinas silvestres.
Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada,
tu cabello tibio, tu boca oscura y caliente aún
como brasa recién apagada por el viento.
Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes,
muérdeme con tus dientes de fiera joven,
arranca mis tristezas y mis orgullos,
arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos.
¡Y enséñame de una vez -ya que no lo sé todavía-
a vivir o a morir entre tus garras!




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