lunes, 7 de mayo de 2012

Mi libertad de expresion

La libertad que tenemos todos de decir lo que sentimos sin que seamos castigados por ello es uno de los pilares sobre los que se ha erigido la lucha contra los Castro.

La libertad de expresión está presente también cuando ejercemos nuestro derecho a la crítica. No se limita a expresar un sentimiento, también forma parte de ella el poder divulgar informaciones sin límites de fronteras tal y como lo establece el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El único límite que se reconoce es la responsabilidad derivada de aquellos delitos que se cometen al invadir la privacidad o intimidad de otra persona. El derecho al honor está recogido en casi todas las legislaciones del mundo.

Algunos gobiernos han establecido barreras para que su pueblo no tenga acceso a las informaciones, han encarcelado a ciudadanos que intentaron introducir el diálogo político.

Y aunque mucho se ha caminado en el tema de la libertad de expresión, nadie ha podido dar una sola receta para que las generaciones venideras no sean expuestas a los designios de un “nuevo” dictador.

Muchos aplaudieron a Fidel Castro, vitorearon el nombre a su entrada en Ciudad Habana el 8 de enero del 1959, en cambio pocos vislumbraron el dictador naciente.

Muchos admiramos a Liu Xiaobo (Premio Nobel de la Paz 2010), el cual se encuentra aún en prisión por el solo hecho de elaborar una carta abogando por la reforma política pacífica en China. Sin embargo casi nadie podría asegurar cuál sería el futuro del gran país asiático de ser gobernado por el actual preso político galardonado.

Y es que no pocos luchadores por los valores democráticos han sucumbido a la miel del poder, a la egolatría de las “alturas”.

No existen recetas para “destapar” a un futuro dictador, pero sí tenemos a nuestro alcance la observación minuciosa y la aplicación de la lógica.

Meditaba en este asunto cuando veía un video subido a la Internet por UNPACU el mismo día en que Wilman Villar agonizaba y daba su último aliento en el Hospital Juan Bruno Zayas de Santiago de Cuba.

Ese mismo día José Daniel Ferrer lanzaba al aire acusaciones contra otros demócratas, calumniaba por el solo hecho de que se distribuían artículos de “La Voz de Oriente”, una Agencia de Prensa opuesta a la dictadura castrista.

Ciertamente la prisión puede obrar el milagro de instruir a algunos en determinadas materias pero también puede transformar la personalidad del individuo y reducir su visión política. La prisión puede llegar a oscurecer las intenciones del ser que la sufre e incluso afectar su psiquis.

Algo de esto tiene que haber ocurrido con José Daniel Ferrer, quien dice luchar por la democracia pero cada día que pasa se parece más a los que dice combatir. Aunque gusta de escuchar Radio Reloj y otros programas gubernamentales acusa a quienes distribuyen o leen “La Voz de Oriente”. Ferrer cambia de parecer muy rápido. Va de un lado a otro, hoy te acusa de agente castrista y mañana dice que fuiste manipulado. Él no tiene un proyecto político, más bien vive del sufrimiento de la Patria. Cuando usted le pregunta por su programa político, él sólo repite consignas, además de leerle su biografía a todos, como si al pueblo le interesara la cantidad de años en cautiverio. Es bueno recordar a Ferrer y a otros que lo único que pueden exhibir es su “presidio” que también Castro estuvo en prisión y que el pueblo cubano lleva 53 años en Prisión de máxima seguridad. La gente quiere escuchar algo más de nosotros, está sedienta de conocer cómo vamos a alcanzar la libertad, qué proyectos vamos a implementar después que la dictadura haya caído.

Y en ese sentido trabaja el CEEDPA sin recibir cuantiosos recursos. El Centro de Estudios Estratégicos para la Democracia Proactiva “José Ignacio García Hamilton” ha establecido un contacto real con el pueblo, logrando que las personas no sientan lástima de nosotros sino admiración, y sentando en el banquillo de los acusados a los propios represores, algo nunca visto en la oposición cubana y que nosotros logramos sin darle demasiado tintes épicos. Asesoramos, revisamos proyectos políticos, divulgamos impresos, ayudamos a otros a crear sus propias organizaciones.

Qué vale más: un héroe de nuevo tipo que sólo recibe golpes sin siquiera levantar su mano o un demócrata que da una fuerte respuesta a quienes le ofenden.

Qué merece mayor respeto: un llamado lastimero a la intervención internacional o una firme exigencia al respeto de la dignidad de todos.

Si aspiramos a que la libertad de expresión siga siendo un pilar en nuestra lucha entonces debemos estar preparados para ser la opción que escoja el pueblo cubano para enfrentar al castrismo.

Y para lograr el apoyo de un pueblo que salió de una dictadura para meterse en otra, para levantar los ánimos, para vencer la apatía hoy reinante tenemos que convencer, ser un auténtico demócrata: respetar el criterio ajeno, saber refutarlo con argumentos sólidos y no con descalificaciones y calumnias.

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